11 nov 2012

Transformación

Aquí estoy, en el lugar en el que comencé un día, a soñar, a pensar que tal vez todo lo que pensara se haría realidad. Aquí estoy de nuevo, tratando de convencerme de que nunca pierda la fe, aunque a veces es un poco difícil seguir creyendo en este mundo lleno de infelicidad.
Antier me asaltaron, me quitaron todo y me dejaron muy trastornado, creo tardaré un poco en sanar pero espero esto no tenga secuelas.
Me invitaron a un cocktail en la torre latino, era la clausura del latin side of the doc, parte del DocsDF, el festival de documentales más grande de México que dirige un amigo Español. Me dieron 3 invitaciones y una era para mi amigo director Chileno que no pudo ir, otra para Onda visual y otra para mi. Al final fui y Onda dijo que llegaría mas tarde, el lugar estaba muy bien, nunca había subido a la latino y creo eso era lo que más emocionaba de la noche. Algo en mi me decía que fuera, que conocería productores que tal vez comprarían mi documental o me invitarían a trabajar con ellos, aparte de la sensación de estar en un cocktail en lo que fue una de las torres más grandes de nuestro país, sin embargo otra parte de mi me decía que no fuera, un día antes había salido a otro cocktail del docs y estaba muerto. No escuché a mi corazonada, aquella que me dice que nunca salga solo y decidí irme. Al final de todos Onda llegaría más tarde.

Piso 28, era la cita, un dj con canciones muy eclécticas dominaba la noche, mezcales, cervezas, ron y vodka hacían que las estrellas se vieran más brillantes. Una vista impresionante que mostraba la ciudad de México como el verdadero monstruo que es y que atemoriza hasta al más experto. Reforma, el eje central parecía que me hablaba, el museo de Tlatelolco con sus nuevas luces de neón, todo parecía una maquiavélica melodía de media noche. Conocía  unas Colombianas que juraban era Colombiano, conocí a un Coreano pariente de Yakimeshi, director de una cadena de televisión, a unos chicanos, Argentinos, la noche pasaba y en verdad no puedo decir que bebí mucho, por que estaba cansado de la noche anterior, me habré tomado unos 2 mezcales y 3 cervezas, eso es nada considerando mi experta maestría en alcoholes. Las Colombianas se fueron a un antro junto con los Chicanos, no me quise ir, eran como las 11:30, y pasando la media noche, salí. Fui a un antro, la verdad si me sentía un poco borracho, pero en calidad estable. Salí del antro y en ese momento recuerdo que tomé el taxi. Le pedí que me llevara a la condesa, a Chilpancingo número 10. No sé ni recuerdo en qué momento abrí los ojos y el lugar no era nada reconocible, era muy obscuro y horrible. Le dije al taxista, señor por aquí no es, dónde estamos, él aceleraba más y no decía nada, le grité - bájeme, aquí no es- traté de abrir la puerta y estaba cerrada, el taxista, no lo recuerdo bien, solo que tenía bigote y estaba cerca de los 50 años, me golpeó en la cara, traté de evadir el golpe y me dio cerca de la oreja, le dije -es un pendejo, me pegó- traté de abrir la puerta y no podía y en ese momento, no sé si por los mismo nervios, empecé a vomitar mucho, muchísimo, como hacía años no lo hacía, no paraba, me estaba ahogando y vomitaba, no sé cuanto duró eso y no sé que tanto me decía ese hombre, pero paró el vehículo, me sacó, me quitó el iphone, celular, cartera y me tiró al piso. 

Me levanté y estaba en una calle sin pavimentar, me dolía mucho el golpe y la espalda por la caída. Comencé a caminar en el frío de la ciudad, el lugar era horrible, parecía que habían mandado a todas las almas en pena a vivir ahí. El frío se me metía en el cuerpo, no podía caminar bien, me sentía muy mal por el golpe, haber devuelto, el cuerpo cortado, y pensé en quedarme a dormir en un parque que vi, en eso caminé un poco y vi a 2 chavos con un viejito pisteando en la calle. Me acerqué y les dije que por favor me ayudaran, que me acababan de asaltar y que no sabía dónde estaba. Ellos se empezaron a reír y me dijeron, -Ah, ¿no sabes dónde estas? ah pinche fresita, oilo mi Rey, no sabe donde anda, ah hijo de su chingada madre- decía uno que lo llamaban el Chaparro y tenía unos 20, 21 años. Acababa de ser asaltado y ahora estaba con unos cholos, que tomaban caña, el otro chavo que habrá sido de mi edad, tenía el cabello largo y  look de indio Yaki. Le llamaban el Rey. Y el viejito estaba más pedo que nadie y solamente bailaba y brindaba por el mundo. El chaparro le decía al Rey, vamos a darle una calentadita a este pendejo, se me hace que nos quiere agarrar de tontos el fresa este. El rey no decía nada y me observaba. El chaparro seguía diciendo, me cae mal este bato, a darle una calentadita mi Rey. El Rey me empezó a cuestionar, que sí de dónde venía, quién era, qué hacía, cuál era el metro de mi casa, mis papás, me preguntó muchas cosas. El viejito y el chaparro se reían, "ay sí, ay si trabajo en cine y vivo en la condesa, pues no estás en la condesa pendejo, aquí no es", el Rey los calló. Y me dijo -Mira Memo, yo te creo y si el Rey te cree, ustedes pendejos (dirigiéndose a las otras personas) deben de callarse y creer, Memo, estás en la Benito Juárez una de las colonias más peligrosas de la Ciudad, si continuas caminando, aquí te van a violar y matar por tus zapatos, así es aquí mi Rey, así somos, pero no te preocupes, ya estás a salvo, estás en familia, nadie te va a tocar, te vamos a dejar dormir aquí y mañana te vas a tu casa - Algo dentro de mi, me hacía creer en este personaje, tal vez no lo hubiera hecho en otro momento, pero empecé a llorar y me dijo el Chaparro - Ya no llore, no sea puto, ya está con carnales, ya estás bien bato - no sabía como agradecerles, les decía que no tenía nada, de pura suerte me habían quedado 15 pesos en el pantalón y el Rey me dijo - No tienes nada que agradecerme, un día, vas a encontrar a un extraño que te va a pedir un favor, cuando lo encuentres, acuérdate de mi y ayúdale, ese día me estarás pagando Memo-. Nos fuimos a dormir, me quedé en casa del chaparro. Me puso unas almohadas en el piso, me dio una cobija y ahí dormí, sin nada, con la esperanza de volver a ver un nuevo día. Y amaneció, el chaparro me levantó a las 11, pero me dijo que me podía dejar dormir otra hora, así que a las 12 me volvió a llamar y me llevó a la parada del autobús. Me despedí con un gran abrazo, no sé cuantas veces le di las gracias y que se las diera al Rey de mi parte. Iba deshecho, con la cara hinchada, me daba miedo la gente, el barrio se veía muy peligroso, era un vil guetto, el autobús habrá hecho como 20 minutos en llegar al metro más cercano, que era el 18 de Marzo, y como había metrobús al lado, lo tomé. El camino se me hizo tan largo, eterno, parecía que cada estación, cada parada me daba un pedazo de información de la noche anterior. Los sonidos, las risas, las luces, la música, no entiendo como no puedo recordar las cosas, no sé si me habrán puesto una droga, o algo en el taxi, hice mal al ir solo, nunca salgo solo, Mariana nunca llegó, hice mal al tomar un taxi no autorizado, hice mal en salir esa noche. Lo que más me asombra es que del centro a la Condesa serán escasos 10 minutos en la noche y no entiendo como fue que me durmió, o qué pasó, que me di cuenta que estaba casi a 40 minutos del centro (por que ese lugar donde amanecí habrá estado a 40 minutos manejando de noche del centro y a 2 horas del centro de día) no entiendo nada y solamente agradezco, estar aquí, vivo, contando esto, agradezco que este señor no sacó una pistola y me mató ahí, una navaja, un bat. Me imagino que me quería secuestrar, me dijeron mis amigos cholos que hacen mucho secuestro por esa zona, los violan, los matan, son gajes del oficio y bromeaban conmigo - ya no tienes nada guerito, no te vamos a quitar ya más- a mi no me daban risa sus bromas pero trataba de reír. Nunca dejé de pensar en Dios y en mi papá, que son quienes me salvaron esa noche.

Al día siguiente vendí un cable y unos audífonos, con eso comí, con eso fui al doctor hoy, quien me dijo que debo de verme con un especialista, que ojalá no tenga este golpe consecuencias. Fisuras, o que pierda la audición. La verdad no quería avisarle a mi mamá, ella es viuda como saben y ha estado mala de la diabetes y miles de cosas, pero al verme en la necesidad, tuve que venirme a Veracruz para estar acá.
Cerré el facebook, cambié contraseñas de todo, mañana debo de ir a reportar mi IFE, mis cuentas. no sé, me siento feliz de que no pasó a mayores, pero al mismo tiempo me siento muy trastornado, me siento fuera de mi, derrotado, a lo mejor ya no debo de estar en la ciudad de México, no sé, no me siento bien emocionalmente, y a las pocas personas que les había contado ayer, me hacían muchas preguntas estúpidas, que decidí ya no decirle a nadie, de repente mi carácter es extraño, yo lo sé, y esto de ser artista potencializa mi sensibilidad. Ahorita no quiero salir, no quiero hablar con nadie, no quiero dar explicaciones, no quiero nada, me siento mal, me siento perturbado, me da miedo todo. Les pido oren por mi para que regrese a la normalidad, por que hasta el día de hoy, no me siento nada bien.

Les mando un abrazo y nunca pierdan la fe, por que ella nunca nos abandona, por que "Para subir, hay que bajar".

Paz.

Memo.